POBLADORES PREHISPANICOS

VIAJE DE EXPLORACION.—LAS VIEJAS CULTURAS.—EL VASALLAJE.—
QUETZALCOATL.

Fragmento de Tetlalpan correspondiente a la zona arqueológica, con vestigios del pasado prehispánico de la región. Foto del Montículo 1, tomada desde Finca Tetlalpan

Penetrar en la incógnita del pretérito prehispánico, es labor ardua de especialistas expertos en la materia; corresponde pues a nuestros antropólogos, arqueólogos, lingüistas, etc., veracruzanos, quienes trabajan con tanto ahínco por descorrer el velo del pasado lejano.
En el año de 1946, el distinguido antropólogo José Luis Melgarejo, Alfonso Medellín Zenil, actualmente positivo valor de la antropología mexicana, Roberto Williams, hoy también destacado antropólogo y otros estudiosos más, amigos, realizaron una visita de exploración a la zona coscomatepecana y a sus contornos; estudiaron diversos aspectos de la cultura indígena e hicieron observaciones de importancia, como inicio de un amplio trabajo posterior.
Las labores principiaron en el camino de Veracruz a Córdoba, localizando interesantes zonas arqueológicas, la de Palmillas, en particular; en Córdoba visitaron el jardín “Las Palmas”, donde existe una colección de esculturas prehispánicas y entre ellas una de tipo negroide procedente de Atoyac.
Sumado a mis amigos, hicimos un recorrido que duró varios días, teniendo como centro de actividades Coscomatepec.
Visitamos Chocamán viejo, varios kilómetros al poniente del poblado del mismo nombre, en lo alto del cerro así llamado también; existen allí terracerías de piedra labrada, ruinas de construcciones, algunos soportes tipo “atliplano” y tepalcates; la tradición señala que en ese lugar estuvo el Chocamán prehispánico.
Se lograron informes sobre la “tepalcatera” ubicada en la cima del Tlachinostépetl o cerro de Chocamán, en ella abundan figurillas de barro y tepalcates.
En el pueblo de Chocamán se obtuvieron datos sobre la leyenda del Rey Mann y otros de importancia prehispánica y colonial.
Detenidamente recorrimos Tetlalpa y Cahuaco, en la parte baja sureste de Coscomatepec, donde se afirma que inicialmente estuvo el pueblo. Se trata, al parecer, de un centro ceremonial muy amplio; se localizaron 22 montículos y 6 construcciones diversas, 2 colocadas en forma de paredes de juego de pelota. “Al tomar la tierra para las terracerías (de la carretera entonces en construcción) de un montículo (asienta el profesor Melgarejo en su informe), apareció la pared de una pirámide que debió tener 3 cuerpos. La zona, por su extensión, es de gran importancia, y en los lugares cortados pudimos recoger tepalcates estratificados que corresponden a la cultura totonaca. Es verdaderamente lamentable que no se hagan trabajos arqueológicos en esta zona y que no se le dé la importancia merecida.” En esa misma planicie se había encontrado tiempo atrás, una figura muy bien labrada, de más de un metro de alto, que representa un Quetzalcóatl de dos cabezas y se han localizado además cabezas negroides de piedra y una bastante voluminosa y tosca, de Quetzalcóatl, cerámica variada y figurillas de barro sin cocer; algunas de esas piezas las tenemos colocadas en el jardín público de Coscomatepec. En la región de Huatusco visitamos la fortaleza de Zentla, ya en ruinas, levantada en el istmo que da salida a la meseta que integra la unión de las escarpadas barrancas de Zentla y de Chavastla. En un cafetal se descubrió la pirámide descrita de tiempo atrás por Brancroft, también semiderruida y además otras construcciones importantes, en las mismas condiciones. Al regreso se nos proporcionaron datos sobre las ruinas existentes en Tenampa y en Comapa. Volvimos a la zona coscomatepecana. Recorrimos Alpatlahua y Calcahualco, en ambos lugares encontramos numerosos elementos arqueológicos; por falta de tiempo no visitamos el Fortín de Calcahualco y el cerro De Los Gentiles, de gran importancia, y Tetelcingo al pie del Citlaltépetl, en donde abundan restos de un desaparecido oratorio. Todos estos lugares esperan la exploración detallada que dará luces importantes sobre el pasado. Nos dirigimos a Orizaba, en Escamela visitamos la “piedra del Gigante”, existente en el Panteón Juan de la Luz Enríquez, donde Melgarejo y Medellín hicieron gala de sus conocimientos al explicar el significado de la magnífica y colosal piedra arqueológica y de las figuras esculpidas en ella; indudablemente señala la fecha aproximada de la conquista de Ahuizapan por los mexica y por ende el inicio de la de los pueblos circunvecinos; año de 1450. En Cuitláhuac, sobre el camino de Veracruz, se habían estudiado inicialmente jacales de tipo huasteco y éstos se fueron multiplicando en la amplia región visitada; es éste un hecho importante, también necesario para precisar qué pueblos la habitaron en períodos sucesivos. Finalmente, se tomó nota sobre costumbres, folklor, tradiciones, etc. En todo el recorrido se recogieron para su estudio, numerosos restos de cerámica. Durante nuestras veladas de descanso, se clasificaba el material recogido y ampliamente se discutía sobre aspectos arqueológicos y la historia de nuestra región.

Muy vagas son las referencias que se tienen con relación a las culturas arcaicas en tierras veracruzanas. Fueron grupos olmecas los pobladores más antiguos de la región cuauhtochca, en la que se ubica la zona coscomatepecana, de quienes se han logrado noticias ciertas.

Existen datos comprobatorios de que la Provincia de Cuauhtochco fue huasteca en sus inicios, de allí el nombre de Cuextlan con el que también se le conoce; además, quizá quedó enclavado en ella algún islote de ese grupo étnico.

Se asegura que inicialmente Cuauhtochco formó parte del Totonacapan, existen amplios vestigios que así lo manifiestan, pero pueden ser consecuencia de infiltraciones comerciales y culturales, asentadas por motivos de vecindad.

Se señala también en la región la presencia pasada de nonoalcas, toltecas y de algún otro grupo, cuyo estudio e investigación queda en manos de los especialistas en la materia.

Se afirma además que Quetzalcóatl, esa figura mítica tolteca de interesante simbolismo extendida en varias culturas, habiendo existido en realidad como ser humano, en su peregrinación por las tierras del Golfo concluyó los días de su existencia en la nueva Tlapalan, ubicada cerca o en territorio Cuauhtochca (el Tlapalan de Totutla).

La Historia Tolteca Chichimeca y otras fuentes de información, precisan que los olmecas xicalancas, establecidos en Cholula, Tlaxcala, Tepeaca y otros lugares más, fueron derrotados en 1116 por los tolteca chichimecas, esto es, poco después de la caída de Tula. Los chichimecas continuaron sus conquistas hacia el oriente, fundiéndose con los primitivos pueblos de la costa y así se integraron en mestizaje nuevos núcleos de población. En el año 9 tecpatl, 1176, entre sus conquistas, se cuenta la destrucción del Tlacuiloltécatl en Cuezcomatl iyacatl (quizá donde hoy se levanta Coscomatepec); la palabra se traduce, trojes en la nariz o en la cumbre.

Los teochichimecas siguieron en sus conquistas las huellas de los chichimecas, confundiéndose también con los pueblos costeros.

Y así perduraron estos pueblos hasta las conquistas náhuas de sus territorios, contándose entre ellos, en la parte central de la hoy entidad veracruzana, Cuauhtochco, Cuetaxlan, Ahuilizapan y la ardiente Totonacapan.

Corrieron las centurias, Motecuhzoma Ilhuicamina (Flechador del Cielo), hijo de Huitzilihuitl, sucesor y sobrino de Itzcóatl, se convirtió en el Señor de los mexica en el año de 1441. Había heredado de Itzcóatl, cuarto Señor de los mexica y primer Emperador del Anáhuac, un territorio floreciente, rico y pujante y una política dominadora y de absorción hacia todos los pueblos que tenían la desgracia de colindar con sus dominios.
 
Nos refieren Fernando Alba Ixtlilxóchitl, los Anales de Cuautitlán y otras fuentes de información, que integrada la Triple Alianza del Valle Central de Anáhuac, sus señores, Motecuhzoma de los tenochca o mexica, Netzahualcóyotl de Acolhuacan o Texcoco y Totoquihuatzin de Tlacopan, prosiguieron las conquistas, encaminadas ahora hacia las costas orientales, deseosos, nos dice Muñoz Camargo, el historiador de Tlaxcala, “de estorbar las contrataciones y granjerías a los tlaxcaltecas que les daban mucha riqueza, como en efecto lo hicieron”.
Situados los dominios tlaxcaltecas estratégicamente para ser los intermediarios comerciales entre el Altiplano y la costa, con beneficios económicos positivos, debido a la invasión náhuatl a esta última, perdió todas sus prerrogativas, acentuándose por ello la división existente entre ambos pueblos; división que motivó la ayuda incondicional tlaxcalteca al sanguinario conquistador, para la caída de la heroica Tenochtitlan.
No nos corresponde detenernos a explicar los pretextos de que se valieron para la invasión de los pueblos del Golfo, pues nos saldríamos demasiado de nuestro tema. Añadiremos únicamente que el ejército aliado contaba entre sus principales capitanes a Tizoc, Axáyacatl, Ahuizotl, posteriormente señores de Tenochtitlan; a Chimalpopoca de Tenayuca; Xilomantzin, de Culhuacán, y al esforzado Moquihuix, de Tlatelolco; informados los Señores de la Triple Alianza de que los tlaxcaltecas habían unido a los totonacas y demás señoríos de la costa, para llevar al cabo la defensa conjunta de sus territorios, temerosos de una derrota, ordenaron contramarchar a sus tropas, pero Moquihuix resueltamente arengó a los otros capitanes y concluyó diciéndoles que volviesen las espaldas los mexica y sus aliados y que él solo al frente de los tlatelolcas seguiría adelante y vencería al enemigo. Entusiasmados los comandantes de las tropas nahuas invasoras resolvieron desobedecer las órdenes superiores y continuar en la lucha, y así, pronto cayó Ahauilzapan (Aguas alegres-Orizaba).
Quizá el significado de las figuras esculpidas en la piedra del Gigante de Escamela, como hemos dicho, sea el señalamiento de la primera victoria, ocurrida sin duda por 1450.
Los ejércitos de la Triple Alianza continuaron sus conquistas y fueron cayendo, tal vez al través de varios años, Cuauhtochco, Cuetlaxtlan, que hizo una defensa brillante; Zempoalan, Chalchicueyecan, Macuilxochitlan, Tlatetlan, Chichiquilan, Quimixtlán y otros lugares más que desde entonces quedaron sujetos a los nahuas.

Como era costumbre entre esos pueblos, dejaron en libertad a los vencidos para que viviesen libremente siguiendo sus leyes y sus costumbres, concretándose únicamente a tener la sumisión y el pago de los tributos.

Entonces Cuauhtochco, provincia subyugada, cuyo nombre provino de su cabecera o metrópoli, lugar que durante la Colonia llevó el nombre de Santiago Huatusco, se convirtió en el distrito tributario sobre el que la cabecera citada tenía hegemonía política; según el Códice Mendocino abarcaba los pueblos de Tenhzoltzaptlan, Tototlan, Cuauhtochco, Ahaulizapan. Tuchzonco e Iztayocan, indudablemente existieron algunos pueblos más que omite el Códice y que aisladamente señalan algunas fuentes de información, tales como Chocamán, Ixhuatlán, Calcahualco y Tepatlaxco.

Cuauhtochco (Guatusco), según don Cecilio A. Rovelo se traduce así: “Huetochco, o Hueytochco, que se compone de buey, grande, de tochtli, conejo, y de co, en; y significa: “En (donde está o se venera) el grande conejo.” El Tochtli era entre los nahuas, por ser el nombre de uno de sus años, una divinidad”. El doctor Peñafiel traduce: “Grande lugar del conejo.”

El tributo de Cuauhtochco consistió, de acuerdo con el Códice que hemos señalado, en ropa de algodón, cacao, adornos o joyas guarnecidas de ámbar, esclavos, etc., que el Calpixque o recaudador tenochca que residía en la cabecera, entregaba periódicamente al Cihualcoatl. Todo ese Distrito llamado también señorío o cacicazgo, integró durante la Colonia, con límites imprecisos, el Corregimiento de Guatusco, con cabecera inicialmente en Santiago, como lo prometiera el conquistador hispano Gonzalo de Sandoval.

Señalamos entre los pueblos tributarios, a Iztayocan y Tuchzonco (Tozongo El Alto), localizados actualmente dentro del Municipio de Coscomatepec como Congregaciones del mismo. Iztayocan (lugar frente o cercano a la blancura), según un documento existente en el Archivo General de la Nación, Ramo de Tierras, Volumen 3045, Página 91, que se refiere a una información dada en 1628 por los naturales del lugar, fue fundado poco después del año 1000 de nuestra Era, esto es, por la época de las conquistas chichimecas hacia las costas orientales de las que nos habla la Historia Tolteca Chichimeca, por lo que pudieron ser chichimecas en gran parte los primeros pobladores; se levantó en las últimas estribaciones del Citlaltépetl, frente y cerca del coloso nevado, de allí el origen de su nombre, a una media legua de donde hoy se ubica la ciudad de Coscomatepec de Bravo, descendiendo posteriormente, como lo veremos, al Cerro de las Trojes. En cuanto a Tuchzonco (Tozongo, lugar donde abundan las tuzas, según el mismo nahuatlato don Cecilio A. Rovelo), es actualmente Tozongo El Alto, cuya fundación data de la misma época de la de Iztayocan.

Hubo varias rebeliones contra los mexica, de las provincias subyugadas de la costa; la Historia nos recuerda ampliamente la de Cuetaxlan, pocos años después de su conquista, sofocada brutalmente por las huestes de la triple alianza. Durante el mandato tenochca de Moctezuma Xocoyotzin (El Joven), surgió también, según las fuentes, una rebelión en Cuezcomatépetl, quizá se trate del vecino e inquieto poblado de Iztayocan y de algunos habitantes del lugar antes citado, y pudo haber sido entonces cuando Moctezoma estableció sus graneros en ese lugar o amplió los ya existentes, pues el nombre de Cuezcomatépetl es posiblemente muy anterior a los hechos señalados y fue tal vez por entonces también, cuando se instaló allí un puesto militar del que se tiene noticia, particularmente por la tradición, por ser punto estratégico para defender y dominar la comarca.

(Coscomatepec, según don Cecilio A. Rovelo, significa “En el cerro de las Trojes”; se compone de cuezcomatl, troje, de donde se y se ha formado el aztequismo coscomate, de tépetl, cerro y de C, en.)

Se habla también de la rebelión de Quimixtlán en 1512, en la que pudieron haber intervenido los pobladores de la zona del Cuezcomatépetl.

En cuanto al megalito que se encuentra en Escamela, conocido por Piedra del Gigante o piedra de Acayácatl, lo visitamos inicialmente en compañía del culto arqueólogo cordobés, licenciado don Ramón Mena cuando se preparaba el libro “Coscomatepec de Bravo-1943”.

Se trata de una piedra cuya forma es sensiblemente ovalada, de unos ocho metros de largo por unos cinco de ancho y poco más de uno y medio de alto; la superficie es plana. La circundan una serie de círculos, veinticuatro perfectamente visibles, aunque la incuria del tiempo ha ido borrando todos los grabados; representan posiblemente otros tantos escudos guerreros (chimallis), que pueden recordar una victoria; en su parte superior y del lado izquierdo, visto de frente, se nota un gran pez que tiene la forma del llamado bobo, abundante en los ríos de la región, este signo representa en náhuatl el primer día del mes (ce cipactli); en el lado opuesto se destaca el xihuitl o signo del año y más adelante un conejo rodeado por diez círculos (metlactli tochtli); todo puede interpretarse como año 1450. En el centro se aprecia un enorme guerrero que se extiende en casi todo lo largo de la piedra, tiene la posición empleada en los sacrificios humanos, los brazos abiertos, así como las piernas; un gran tajo se descubre sobre la región precordial, semejante al que se hiciera para extraer la noble víscera que se ofrecía a los dioses; cerca de la cabeza del guerrero y en la parte lateral derecha, se observa esculpido un haz de yerba, quizá la llamada acxoyatl, misma que en cocimiento se hacía ingerir, por sus efectos narcóticos, a los hombres que iban a ser sacrificados.