
Y llegaron por el oriente los hombres blancos y barbados que profetizara Quetzalcóatl. . .
Hernán Cortés arribó a las playas de Chalchicueyecan procedente de la Isla de Cuba (abril de 1519) y los pueblos de la costa recibieron sumisos al conquistador, facilitándole su arribo al Altiplano por orden del pusilánime señor de los mexica, Motecuzoma Xocoyotzin.
Cuando Cortés hubo de abandonar momentáneamente la Gran Tenochtitlan, días después de su arribo, para bajar a las costas del mar del Norte (Seno Mexicano) a doblegar a Pánfilo de Narváez, enviado de Cuba por el gobernador Diego de Velázquez, a someterlo por su rebeldía, se hizo acompañar de algunos principales de la corte de Motecuhzoma; éstos le guiaron por instrucciones de su “tlatoani”, no apartándose en su recorrido de las tierras dominadas por los tenochca.
Y así fue como en su viaje arribaron a Cholollan (Cholula), continuaron a Tepeyac (Tepeaca), Quecholac y descendieron la serranía del Anáhuac hacia Ahuailizapan (Aguas bulliciosas-Aulicaba-Orizaba); entonces el conquistador penetró a territorio Cuauhtocha. Hubieron de detenerse dos días en Ahuailizapan debido a las intensas lluvias, y desde ese lugar Cortés envió como emisarios a Narváez, quien se había acantonado en Zempoallan, al escribano Pedro Hernández acompañado de Rodrigo Alvarez Chico, a requerirle su obediencia.
Pasó después Cortés a la metrópoli de Cuauhtocho (poblado que ya en la Colonia llevó al nombre de Santiago Guatusco y que en la actualidad tiene el de Carrillo Puerto); allí se le presentaron, el presbítero Juan Ruiz de Guevara, el clérigo Juan de León y el secretario Andrés Duero, trayéndole el ofrecimiento de Narváez de que si abandonaba su empresa de conquista y regresaba a Cuba en unión de sus amigos, conservaría en cambio las riquezas obtenidas, recibiendo para ello toda clase de garantías. En su recorrido hacia la costa, Cortés había ido encontrando gente de él o de Narváez, portadores de comunicaciones de este último, que contenían diferentes proposiciones.
El astuto conquistador, repartiendo dádivas espléndidas a los emisarios enemigos, tratándolos con delicadeza y expresando evasivas en las negociaciones propuestas para llegar a algún entendimiento, fue acercándose a Zempoallan, atacó por sorpresa a Narváez y lo derrotó, no obstante la gran superioridad numérica de las tropas de éste; se adueñó de su persona, volviendo rápidamente con mayores elementos de lucha a la gran Tenochtitlan, rebelada contra la guarnición española que allí comandaba Pedro de Alvarado, el ambicioso y sanguinario “tonatiut”, cuya torpe actitud culminó con el desastre español durante la llamada “Noche Triste”.
Así el territorio Cuauhtochca fue visitado por Cortés, siendo parcialmente teatro de uno de los hechos que pudo cambiar las condiciones de la conquista; además, en su recorrido señaló el camino que en la Colonia habría de ser el de la Vera-Cruz a la Puebla de los Angeles pasando por las tierras que al través de los años corresponderían a las villas de Córdoba y Orizaba, integrado inicialmente por multitud de veredas vecinales que en su conjunto unían la costa del Golfo con la gran Tenochtitlan.
Días después y mientras el conquistador, pasada la “Noche Triste”, preparaba en Tlaxcallan su asedio contra la gran Tenochtitlan, los pueblos de la costa: “Toxtetpec, Coatzacoalco, Ahauilizapan, Cuetaxatlan y Cuauhtochco”, se rebelaban contra los hispanos en defensa de su soberanía territorial, aniquilando el primero a toda la guarnición conquistadora; esto aconteció por los últimos días del mes de julio de 1520. El mismo Cortés lo refiere en su carta Tercera relación a Carlos V, “. . . desde que la ciudad de Temexquitlan se había alzado, ellos (Toxtetpec, Cuauhtochco, etc.), estaban rebelados y los naturales de ellos habían muerto a traición y sobre seguro, más de cien españoles. . .”
Pero cayó al fin la heroica ciudad mexica (13 de agosto de 1521), y el audaz conquistador, desde su retiro de Coyoacán dispuso la reducción de los sublevados y la conquista definitiva de esas provincias, que constituían un peligro para las comunicaciones con la Villa-Rica. Eligió a Gonzalo de Sandoval, uno de sus mejores capitanes, joven esforzado y valiente, para que dirigiese la empresa.

Sandoval emprendió la marcha hacia la costa en octubre de 1521, acompaña e Bernal Días del Castillo, según refiere este historiador
Fernando de Alva Ixtlilxóchitl nos cuenta lo siguiente: “Había como dos meses poco más, que estaban en Coyoacán, cuando envió Cortés a Gonzalo de Sandoval, sobre Guatzacoalco, Tuxtepec y Guatuco y otras partes con doscientos españoles de a pie, y treinta y cinco de a caballo; Ixtlilxóchitl envió con ellos treinta mil hombres de guerra, y por capitanes a ciertos hombres suyos, y algunos señores y soldados viejos, deudos y vasallos”; Cortés a su vez, comunica a Carlos V: “…determine enviar a Gonzalo de Sandoval, alguacil mayor, con treinta y cinco de a caballo y doscientos españoles y gente de nuestros amigos, y con algunos principales y naturales de Tenuxtitlan, a aquellas provincias que se dicen Tataetetelco y Tuxtepeque y Guatusco y
Auilcaba; dándole instrucciones de la orden que había de tener en esta jornada que comenzó a aderezar para la hacer…” y añade: “el dicho alguacil mayor y teniente (el teniente lo era Francisco Orozco, autoridad de la naciente villa de Segura de la Frontera o Tepeaca, a quien mandaba a someter a los mixtecas que importunaban a la citada villa) se partieron con su gente desde la ciudad de Coyoacán a 30 de octubre de 521, y llegados a la provincia de Tepeaca hicieron allí sus alardes y cada uno partió a su conquista; y el alguacil mayor desde venticinco días me escribió cómo había llegado a la provincia de Guatusco; y aunque llevaba harto recelo que se había de ver en aprieto por los enemigos, porque era gente muy diestra en la guerra y tenían mucha fuerza en su tierra, que había placido a nuestro señor que había salido de paz.”
Y en realidad así aconteció, pasó por Ahaualizapan el capitán extranjero, encontrando esta región abandonada por sus habitantes; en su trayecto alcanzó algunos de ellos, a los que logró convencer de que regresasen sin temor a sus hogares. No sabríamos decir por dónde continuó su camino pero lo cierto es que llegó a la cabecera de Cuauhtochco, encontrándola despoblada y semi derruida. El Calpulli del lugar, como otros de esos pueblos, había ordenado, por temor y el desaliento que causara la caída de Tenochtitlan, que se destruyera la ciudad y que sus moradores huyesen a los montes.
Sandoval “envió entonces al general de los acolhuas (continua Ixtlilxóchitl) a apercibir a los de esta provincia con la paz, si no querían la guerra, los cuales se dieron de paz, y poblaron aquí los españoles…”
